miércoles, 10 de julio de 2024
sábado, 22 de junio de 2024
De cara al Sol, empieza todo, al lado de una
fuente:
lirios de agua, papiros enanos y una planta
ondulada;
caracoles y malvones y la brugmansia, que llueve
con sus flores blancas, campanas estrelladas; es mi
jardín:
huerta y Mantis, pimientos picantes, orejas de
elefante;
refugio de mi ser, de mariposas y mis perros,
de ranas y colibríes, de pájaros y alguaciles,
de hormigas y salamandras; parejas entrelazadas
por un hilo de plata, que enhebra gran-mente-Gaia
y aparecen las naranjas, jugo y vitamina mantienen
la llama viva, el fuego de la inspiración para
seguir
y advertir la belleza en cada gramo de luz, que
viaja
hacia tu iris, creando este hermoso paisaje; y
meter mano,
tierra y agua, maceta e hilera de siembra, siembra
comarcas,
germinan aldeas de duendes y hadas para trabajar en
comunidad;
el patio es una fábrica de vida, sueños, alimento;
hacemos
bancos de madera, mesas, plantas, pan casero, nacen
insectos desde sus crisálidas; se estiran los lazos
de mi espíritu
hacia cada rincón de
hacia todo fotograma de la realidad; la parte
velada se revela,
en noches de rituales, pero nunca entera.
viernes, 21 de junio de 2024
Y ahora sí, miro el jardín, que es mi patria;
ahora es momento de la bandera en alto:
un árbol, es un curupí, lechosa savia;
una torcaza salta de allí hacia el naranjo,
siempre es así, árboles y pájaros;
amphelopsis, manto de hojas en la pared,
reviste este pequeño reino y en el invierno
se deshoja; antes dará su ofrenda roja
a mi visión y a
será otra historia; la lluvia escribe y el picaflor
marca el acento en los conceptos a destacar,
en esta obra sin final, solo con pausas para
recargar;
horneros caminan de aquí para allá, el suelo miran,
encuentran frases para el poema; los chingolitos
van
de a saltitos, traen ideas antes que sean
olvidadas;
las ramas retorcidas del curupí forman un ojo;
a través veo la mariposa, danaus erippus, metiendo
el pico
en flores de fuego; todo está floreciendo:
el cariño entre dos perros y yo, caricias y
lengüetazos;
las stapelias otorgan estrellas naciendo, capullos
por abrir,
atraerán a las moscas con su aroma llamador de esta
troupe
alada, sin tanta fama como las abejas o los
abejorros;
gnomos que merodean por los racimos de campanas
rosas,
colgadas de la bignonia spectabilis;
espectáculo, patio con bosque e invernáculo;
casa en el árbol, sería completa la canzonetta,
que cada día yo cantaría desde la cima,
desde esa nave de madera; llevo los frutos, llevo
las letras,
llevo la música, me sirvo un mate, serán poesías;
a más tardar, será una obra, será un libro
embotellado,
así lanzado al espacio sideral, a la brecha con los
demás;
con buenos deseos e imágenes que los puedan
abrazar;
será un discurso que darán las plantas y el humano
poco intervendrá;
bajaré a la huerta, buscando las hierbas
aromáticas, poetizarán
la tarde en mi alma; iré hacia los cultivos de
crasas y cactáceas,
la fuerza y los colores, en osmosis se integrarán a
mi cuerpo;
cuerpo y mente enlazados por el espíritu,
enraizados a Gaia
por las fibras luminosas, visitando
maravilloso; es como se diluye el tiempo y se
estira el espacio
y el árbol se ondula, gesticulando y abrazándonos
ante el vacío;
una Luz que alumbre este rinconcito, será una
explosión de amor
y de conciencia: que la nada es el sustrato de la
existencia
y crece la vida, armar y desarmar el rompecabezas;
te rompe la cabeza de tanto pensar en el origen:
¿por qué hay algo en lugar de nada?; en las savias
está
la conexión con el envés, quizás solo sea lado y
revés;
vamos a ver cómo es y luego seguiré amando, cocinar
el pan y despertar, atender tu llamado, ir juntos a
algún sitio,
escuchar las gotas caer bajo la enredadera, escribo
y es todo
una cadena o es una espiral como el caparazón del
caracol,
girándose al infinito; y el colibrí, que ser tan
fino, come de las flores,
así viviría: flor y una poesía; con mi tamiz
atravesar playa, selva, mar;
cuando sale el Sol, viajar hacia cada corazón y
cuando salga
acunar angustias, miedos y oscuridad para dormitar
en paz.
martes, 18 de junio de 2024
Las azucenas han cambiado su color,
del rojo al blanco, del blanco al rojo,
combinados, co-co-co-combinados;
las azucenas han cambiado su color,
del blanco al rojo, del rojo al blanco,
lo vi yo.
La azucena abrirá su flor, como un puente cruzaré
el amor;
hacia el este espera un fogón y amores de agua,
arena y Sol;
la mimosa cerrará su hoja, se contrae al rozarla
suave
y la niebla traerá la duda que humedezca y nutra la
pregunta;
y
La azucena muestra su congoja, muere el ángel que
cuidó esa rosa;
fueron años de capullo a flor, de perfume entre las
espinas,
se esparcía llamándote a vos; que venías como un
colibrí,
como una monarca o como hormiga,
la nariz hundías en su geometría sagrada-fractal;
medición de lo infinito es oxímoron;
fatal será la escisión de tu alma con el jardín del
Sol;
el ángel que no pudo ser, fue oscuro y te invito a
ver
del lado del ego sin flor; marchita tierra de
dolor,
había un poco de placer a cuenta de entregar tu
sien
cien veces a la depresión, la parca siempre
merodeó;
un duende su pincel mojó, la paleta cromática te
hechizó
de bosques, estrellas y río: comarca al lado del
camino;
de brindis, música y reunión: el espíritu cerca del
corazón.
Bulbo-pulpo de tentáculos verdes,
la azucena así emergió y ahora surge su vara,
que sostendrá tres flores, regalo del núcleo;
transmuta en pétalos y néctar toda su pasión
de lava y petróleo en el centro de
siempre en producción,
calentando y hechizando las semillas,
desde abajo para arriba el esplendor,
nutriendo las capas del limo,
fertilidad y cuna para la creación.
Azucena, a su cena picaflor:
succione el azúcar natural,
jugo floral de la campana roja y blanca;
llene su motor de amor en savia,
bata sus alas, un millón de aleteadas,
surque el jardín con su piel abrillantada
verde-azulada; pequeña hada-ave-mágica;
piquito polinizador desparrama
la continuidad en muchas plantas;
dicen, eres retorno de almas cercanas.
lunes, 17 de junio de 2024
Antes, siempre, las arrancaba
porque no sabía que eran plantas
nutricias de hadas, que llevan
la magia en sus alas;
ahora, las cultivo:
flor de fuego, lantana,
achira amarilla, malvavisco,
canario rojo, escoba dura,
clavel del aire, sunchillo;
las orugas se alimentan,
en sus cuerpos se fermenta
la alquimia dorada del Sol y
tejen su crisálida, cristal de meditación,
transmutan y se secan, vuelan;
mariposas llevando, su lema
de, colores fundidos como acuarelas;
trazos nítidos de la gran
inteligencia multiversal;
pintó con savia y sangre estelar
a cada esencia, a toda entidad;
cada teorema que quiere tocarla
también es un alma,
todo gestito de este jardín
en la trama sin fin.
Me pensaba epifito, como la orquídea,
alimentándome del aire y la humedad;
viviendo liviano en el bosque,
disfrutando la simplicidad;
amoldándome, como un liquen, al tronco
en Simbiosis mutual;
juntando agua de rocío en una cuenca floral,
sentándome
en la prístina hierba a contemplar;
pero sigo siendo humano, con mi carpa
y poco impacto habitaré el lugar.
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